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lunes, 15 de agosto de 2022

LOS INCENDIOS DE LOS ECOLOGISTAS. Por Marcos.

Foto: Heraldo de Aragón

Mientras nuestros montes se queman, va cogiendo fuerza entre algunos la moda de culpar al ecologismo de los incendios, con el argumento de que el abandono del monte se debe a las trabas que los ecologistas ponen a determinadas actividades y usos del campo.

No deja de llamar la atención que critiquen ahora a un colectivo que siempre ha defendido la vida en el medio rural y su equilibrio con esa naturaleza que ahora arde.  Su apuesta por la ganadería extensiva tradicional (¿qué mejor medida para controlar el exceso de maleza y hierba?) y en contra de las granjas que mecanizan la ganadería es un buen ejemplo. O su defensa de los cultivos sostenibles, adaptados a las condiciones climáticas de cada zona y a la disponibilidad de agua, sin pretender plantar mangos o aguacates en auténticos desiertos. O su apoyo a la venta de proximidad, sin intermediarios que se queden los beneficios de los agricultores. O su lucha contra la especulación urbanística y turística que transforma los pueblos de las costas y las montañas en parques turísticos de temporada.

Los ecologistas antes que la sequía o el cambio climático. A pesar de que esos mismos ecologistas llevan décadas advirtiéndonos que esto iba a pasar y a los que siempre se les ha tratado como a niñatos idealistas que no entendían cómo funcionaba el mundo de los mayores.

Porque claro, aceptar que el problema es nuestro estilo de vida y nuestro sistema productivo implica reconocer unas soluciones que no son capaces de asumir. Mejor buscar un chivo expiatorio, y cuanto más débil, mejor.

Por eso creo que esta moda es un ejercicio de demagogia que pretende engañar una vez más a una sociedad que debería estar harta de estos argumentos tan pueriles. Miente que algo queda.

martes, 2 de noviembre de 2021

OPINIÓN: LA GR-11 EN TELESILLA


En tiempos en los que la comunidad científica se desespera avisándonos de las consecuencias del cambio climático, en Aragón seguimos apostando, esta vez con fondos europeos, por viejos e insostenibles modelos de desarrollo. Coincidiendo con la cumbre de Glasgow, nuestro gobierno anuncia nuevas ampliaciones en Castanesa o la unión de las estaciones (Candanchú con Astún, Astún con Formigal) por la Canal Roya.  Y todo ello disfrazado de desarrollo sostenible (¡qué palabra más maltratada!) que, al parecer, fijará a la población.

No nos dicen, sin embargo, que el negocio de la nieve implica alterar el ecosistema de forma irreversible, sacrificando zonas que deberían estar protegidas. Ni que para que sea rentable, el negocio necesita que miles de clientes se desplacen desde las ciudades con sus potentes y contaminantes vehículos privados. Tampoco nos hablan de la especulación urbanística que hay detrás de cada ampliación ni por supuesto de que, en vez de fijar población, lo que hacen es estacionalizarla e hipotecarla a un “monocultivo”, el de la nieve, cada vez más anacrónico en un mundo en el que se nos derriten los glaciares. Dinero fácil y a corto plazo a cambio del futuro de nuestras montañas y de nuestros montañeses.  

¿Cuándo vamos a aprender que hay que cambiar el modelo? ¿Cuándo vamos a dejar de ver el Pirineo como un bien de consumo o como un parque de atracciones?. Ahora, más que nunca, hay que apostar por el medio natural y sus gentes. Diversificar la actividad económica, con el turismo, sí, pero también con las actividades tradicionales, con la agricultura ecológica, con la ganadería extensiva, con la descentralización de los recursos de las ciudades. Apostemos por un turismo de deporte, de naturaleza, de gastronomía, de cultura, … que no requiera destrozar el entorno en el que se desarrolle. Consumamos menos para consumir mejor, de proximidad, de calidad.

Es hora de que dejemos de comportarnos como la orquesta del Titanic, que seguía tocando para disimular que el barco se iba a pique. No creo que lo que necesitemos ahora sea un aprés-ski en los ibones de Anayet o hacer la GR-11 en telesilla.

 

Marcos Díez.

domingo, 19 de mayo de 2019

OPINIÓN: LA AMPLIACIÓN DE LAS ESTACIONES DE ESQUÍ ARAGONESAS. Por Marcos Díez


El Heraldo del 19 de mayo anuncia que cuatro de los principales partidos políticos (PSOE, PP, Cs y PAR) quieren relanzar la unión de las estaciones de esquí del valle de Aragón y de Tena por la Canal Roya (enlace a la noticia). En el mismo diario anuncian la intención de ampliar la estación de Cerler no solo hacia Castanesa sino también hacia Ardonés, para aumentar la cota de la estación hasta los 2800 metros y “combatir el efecto del cambio climático” y “combatir la despoblación” (enlace a la noticia).

Resulta paradójico que la forma de combatir el cambio climático sea perpetuar y potenciar un modelo turístico que lejos de ser sostenible con el medio ambiente lo ha transformado en aras de que produzca dinero, no de protegerlo. También sorprende que sigamos confiando casi todo el desarrollo del territorio a un negocio, el de la nieve, que está condenado si no se revierte la situación climática actual. Ampliar las estaciones de esquí conlleva inevitablemente más desplazamientos de vehículos desde las grandes ciudades, más gasto de electricidad y agua para fabricar nieve, más especulación urbanística y sobre todo supone alterar irreversiblemente los ecosistemas de montaña que son (o eran) la esencia de estas montañas.

Y no vale como justificación decir que con eso se soluciona la despoblación del medio rural; el empleo que se genera es en su mayoría temporal, de mala calidad y está condicionado a las precipitaciones de nieve. Los valles se llenan de edificios que sólo se ocupan unos meses al año y fuera de temporada la población desaparece dejando lujosas urbanizaciones desiertas. Eso dista mucho de ser una medida efectiva para afianzar a la población.  

No discuto que genere riqueza, pero creo que ya es hora que prioricemos otras formas de desarrollo que no tengan como único objetivo el producir dinero a corto plazo. Es hora de cambiar el modelo y apostar por un desarrollo que sea realmente sostenible, con vistas a mejorar un futuro que por ahora no es muy esperanzador. Diversificar las actividades económicas debería ser una prioridad, y apostar de una vez por otras formas de turismo que respeten el medio en el que se desarrollan, sin destruirlo, así como por las actividades tradicionales locales. El Pirineo no sólo es nieve, es ganadería, cultura, historia, deporte, turismo rural, gastronomía o naturaleza. Entenderlo es fundamental para que perviva tal y como lo conocemos.

Nuestras montañas no se pueden comparar con la magnitud de los Alpes o las Montañas Rocosas. Es una cordillera infinitamente más pequeña y frágil, con más estaciones de esquí de las que probablemente puede soportar. No la podemos convertir en el Benidorm de la montaña. Primero fue la ampliación de Espelunciecha, solo frenada por la frontera francesa. Ahora Cerler y la Canal Roya. En el cajón de algún político esperan la estación de esquí de Punta Suelza y la ampliación hasta el túnel de Bielsa de Piau Engaly.

El planeta y el sentido común nos piden que frenemos, que ralenticemos el tren de consumismo voraz en el que vamos, que nos adaptemos a los recursos. El Pirineo es un buen ejemplo de ello. Intentemos cambiar el discurso.