sábado, 5 de noviembre de 2011

RUTA DE LOS ARBAS (SIERRA DE SANTO DOMINGO) Por Marcos. LUNES 31 OCT

Santo Domingo es la hermana pobre de las sierras prepirenaicas. Poca gente conoce estas tierras, eclipsadas quizás por la popularidad de Riglos, Gratal, Loarre o Guara. Poca gente sabe que aquí se encuentra uno de los paraísos de la provincia de Zaragoza, tanto para la BTT como para la caza o para la observación de fauna y flora. Poca gente conoce que este entorno era la frontera más septentrional de resistencia a la colonización del Islam, que en esta sierra se encuentran las ruinas del Corral de Calvo, poblado altomedieval del siglo X desde donde los pueblos desplazados por los musulmanes se organizaron para iniciar la Reconquista. O las Torres de Sibirana, fortaleza cristiana que se uniría a la línea defensiva de Loarre, Uncastillo y tantos otros castillos que jalonan nuestras montañas. Tampoco hay mucha gente que sepa que en esta sierra se encuentra un islote de Navarra, con un pueblo, Petilla de Aragón, que vio nacer a Ramón y Cajal..., navarro y no aragonés, pese a quien le pese.

Afortunadamente nosotros si la conocemos. Como buen cincovillés adoptado que soy, llevo años explorando y descubriendo las infinitas pistas de tierra y los caminos que recorren Santo Domingo, más allá del pozo de Pigalo, este si, popular hasta en Zaragoza. DAdemás, desde hace apenas un año, Prames y la Comarca de las Cinco Villas me han facilitado la labor editando, por fin, un mapa excursionista de la zona.
Salimos desde Luesia. Día cálido para la época, soleado en los valles, nublado en las cumbres. En esta ocasión parece que prescindiremos de la compañía de nuestro entrañable viento. Los primeros kilómetros hasta Pigalo  sirven para soltar las piernas y ver cómo cambian los prados por manchas de bosque. A partir de entonces entramos en el otoño.

Las primeras hayas y los primeros robles nos exhiben sus mejores trajes, reafirmándonos en que estamos ante uno de los mayores espectáculos del año . La pista mojada hace que no se levante polvo y de paso refresca las umbrías por las que circulamos.

Tras visitar el Corral de Calvo empezamos, poco a poco, a subir a Santo Domingo por su cara norte, dejando a la izquierda el desvío a Longás. Esta subida es sin duda el hueso del día, muy dura, larga y mantenida, no apta para globeros o gente con pocas ganas de sufrir. Las escasas fuerzas que nos sobran las dedicamos para observar lo que nos rodea; el espectáculo otoñal alcanza aquí el orgasmo, bóvedas de árboles amarillos, alfombra de hojas y  una niebla que nos hace pensar en que en cualquier momento saldrá un gnomo o troll de detrás de una piedra. Llegamos arriba los tres con el corazón en la boca, como debe ser

Tras reponer fuerzas en el refugio contiguo a la ermita bajamos por el Portillón de Longás hasta el Collado Fayanás, centro neurálgico de la sierra. En el camino hemos tenido que esquivar vacas y caballos, y hemos admirado el nacimiento del Arba de Luesia, escondido como todo en esta sierra. Desde Fayanás descendemos a Biel por una de las bajadas más entretenidas que recordamos, ya que sin ser demasiado técnica no te permite despistes si quieres correr. Nos encontramos ahora en la ribera del Arba de Biel, de nuevo espectacular, mezclando bosque de ribera con caducifolio y algún pino silvestre. Nos llama la atención una colmena de abejas de estilo tradicional 

Desde Biel tenemos que ascender hasta Puy Moné. Las fuerzas flaquean después de ascender a Santo Domingo, y nos cuesta abandonar el pueblo para afrontar otro nuevo puerto. En este caso la subida va ascendiendo de forma progresiva, lo que en términos ciclistas se llama una subida de ritmo. La parte baja nos exhibe uno de los árboles que habíamos echado de menos; la carrasca, entremezclada con espectaculares madroños.

El ascenso se hace eterno. Adrián, rozando la pájara desde hace tiempo pone el modo "ultradiesel", ese que sólo él tiene y que le permite aguantar cualquier cosa sin claudicar. Roberto y yo tenemos buenas sensaciones y decidimos picarnos, ¡que para eso estamos!, así que casi sin darme cuenta me veo siguiendo una rueda que devora los kilómetros a mil por hora. Ajusto mi postura y a sufrir..., aunque de nuevo la suerte se apiada de mi (como en la carrera de Torla) y llegamos, justo cuando empezaba a hacer la goma, al Collado del Correo, cruce de caminos donde no nos queda más remedio que esperar a Adrián. Aún nos queda un gramo de fuerza para, azuzados por nuestro Capi, esprintar para llegar a la cima del Puy Moné... ¡a casi 190 pulsaciones!

Tras las fotos y risas de rigor bajamos hasta Luesia por el Monte de la Bal a más de 50 kms/hora, por buena pista y sin apenas curvas. Nos encontramos con el pueblo casi sin quererlo. Hemos estado 5 horas encima de la bici, 6 de excursión total, recorriendo 70 kms y subiendo 1700 metros de desnivel. Todo eso sin pisar carreteras ni ver apenas gente.

Excursión espectacular, tanto desde el punto de vista deportivo, como cultural, natural y paisajístico. Y sólo hemos recorrido una tecera parte de la sierra. Nos sentimos contentos de haber disfrutado de un paraje tan cercano y a la vez tan inhóspito. Además, y por una vez, estoy seguro de que se seguirá conservando así; aunque aquí también nieva en invierno, no lo suficiente para que se fije Arramón....

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