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martes, 18 de diciembre de 2012

SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL PELOPIN. (por Marcos)


Mal día para esquiar; riesgo elevado de aludes, limitación de horario por temas familiares, anuncio de borrasca.... Así que, fieles a nuestro sentido común, a las 8:45 nos juntamos y enfilamos para el Pirineo.

La zona del Pelopín-Erata, en el valle de Tena, es una de los hermanas pobres de las excursiones pirenaicas, demasiado baja para grandes desniveles y habitualmente con poca nieve. Sin embargo, esos "defectos" la convierten en el lugar ideal para días en los que el resto están peligrosas o inestables.

La idea original de hacer la travesía Erata-Otal-Pelopín se ve pronto estorbada por unas nubes negras que entran desde el oeste y los problemas digestivos de alguno de nosotros. La primera parte, por el bosque y las lomas de norte que dan acceso al collado Ronata, se hacen comodamente, disfrutando (al menos en mi caso) de la primera salida del año y alucinando de que por primera vez en mi vida he conseguido la combinación de esparadrapo-doblecalcetín-plantillas que hace que no me roce ni me duela ningún punto del pie.

Tramo de bosque
 
Llegando al collado de Ronata


Después de algún tramo de nieve dura que obliga al canteo, llegamos al Pelopín, justo cuando nos engulle la nube. Afortunadamente se queda por encima de nosotros y nos deja bajar con aceptable visibilidad.

Pelopin al fondo

Cima entre las nubes

Por cierto, de la bajada mejor ni hablo. Bueno si: nieve irregular, pestosa, venteada, con continuos badenes que hacen que hasta nuestro "bajador" Rober visite el suelo en alguna ocasión. Para compensar, un precioso quebrantahuesos nos sobrevuela a escasos 50-60 metros, dejando ver sus contrastes ocres y negros y buscando, probablemente, el cadáver de una vaca que habíamos dejado atrás 100 metros más arriba.

En fin, para un día tonto, una actividad muy aceptable. Aire puro, nieve y charradas.

Cuidado con los tiburones




Nuestro cámara sin cámara



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