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viernes, 16 de agosto de 2013

Y AL FIN… LE TOURMALET! Circular por los valles de Campan y Saint Lary. Por Marcos.






Reconozco que casi me bajo al llegar a La Mongie. No había encontrado mi ritmo en toda la subida y el famoso kilómetro de las galerías me dejó totalmente vacío.

El Tourmalet. Ese puerto enseña del Tour y del ciclismo. La primera vez que se subió, aún sin asfaltar, fue en el año 1910. Octave Lapize tuvo el honor de inscribir su nombre como el primer ciclista del Tour en superar su cima, y así lo recuerda a los cicloturistas una placa grabada en la cumbre.

Para mí, el Tourmalet era dos recuerdos. El primero del año 1991, cuando un genial Induráin se lanzó al ataque en el descenso hacia La Mongie, junto al mejor rival posible, Claudio Chiapucci. El resultado: una etapa inolvidable de ciclismo y el inicio de los 5 Tours de Miguelón. El segundo es de hace 3 años, Tour del 2010, cuando Andy Schleck y Contador subieron entre la niebla el puerto para sellar la victoria del pinteño… hasta que saltó a la luz el “pseudopositivo” del clembuterol. Ese día yo era uno de los miles de aficionados que tras soportar dos días la niebla y la lluvia en una cuneta a 4 kms de la cima, consiguió darles un grito de ánimo.

Pero nunca lo había escalado. Y eso, para un forofo del ciclismo como yo es imperdonable. Así que un Lunes de este mes de Agosto decidí quitarme el San Benito y lograr ese sueño pendiente. El recorrido elegido es de los que justifican una etapa del Tour; salida de Saint Lary, subida al Aspin (1ª cat), bajada hacia Campan y luego escalar hasta los 2115 mts del Tourmalet (Hors categorie). Como tengo que volver al coche de nuevo (no había helicópteros disponibles ese día…) no me queda más remedio que sumar la Hourquette d´Ancizan (nunca ascendido por esa vertiente en el Tour pero seguro que también un 1ª categoría). En total 104 kms y 2900 mts de desnivel.

Y ahí que voy, el día es estupendo y en teoría estoy más o menos en forma, así que nada debería salir mal.

El Aspin se sube bien… o quizás demasiado bien, porque con la emoción del momento me dejo llevar y fuerzo más de la cuenta, como luego comprobaré en el Tourmalet. La llegada a la cima es un jolgorio de senderistas, ciclistas, moteros, caravanas, ganados de vacas… un espectáculo. Fotico, comida y abrigo que nos espera lo mejor (o lo peor…).

La subida al Tourmalet se inicia en Saint Marie de Campan. Justo al inicio hay una fuente del siglo XIX, con una cruz de Santiago en su parte más alta, que es parada ineludible para rellenar botellines. No me equivoco si digo que es la fuente más famosa del mundo del cicloturismo. Los primeros 4 kms de puerto son fáciles, por lo que de nuevo el riesgo es dejarse llevar por la emoción y correr más de la cuenta. Y es que los últimos 13 son demoledores; pendiente casi continua del 9%, sin descansos. Lo llevo con deportividad hasta que se empieza a divisar la estación de esquí de La Mongie, y sobre todo las galerías para proteger la carretera de las avalanchas, otro de los emblemas de este puerto. A pesar de las veces que habré oído eso de que lo peor es esa zona, me pilla desprevenido y sufro como un cerdo. Llego a la estación… llena de terrazas al sol con turistas tomando refrescos y miro para arriba. Efectivamente… se ve la cima, ¡y está a tomar por culo!!. Primera tentación para echar pie a tierra y coger aire. No. Miro en el maillot y saco un gel. Es mi última esperanza, así que lo engullo bien remojado con el agua que me queda en uno de los botellines. El maillot ya lo llevo abierto del todo, así que no se me ocurre nada más para mejorar mi situación. A una velocidad paupérrima sigo subiendo, paso la urbanización del final de la estación y encuentro una especie de ritmo cochinero con el que creo que puedo llegar. Los últimos kilómetros siguen siendo al 9-9.5% y parecen interminables pero ya he decidido que aguantaré, así que hasta arriba.

Y si, llegué a lo alto del puerto, disfrutando el momento y maldiciendo a la vez  lo “bien” que subí el Aspin. Es curioso ver la cantidad de gente que se arremolina en la cumbre, entre turistas y cicloturistas de ambas vertientes. Tras las fotos y una Coca-Cola a 3 Euros, inicio el descenso. Como sin parar, consciente de que aún me queda la Hourquette, que tampoco es moco de pavo.

Tras pasar el área de Payolle se inicia este precioso puerto. Escondido entre hayedos y grandes pinos y rodeado de prados con todo tipo de ganado en libertad (vacas, burros, caballos…), esta subida es probablemente la más bonita en cuanto a paisaje alpino se refiere. La cima la alcanzo con más pena que gloria e inicio el descenso hacia Guchen. Yo ya había subido este puerto por esa vertiente pero al bajarlo me doy cuenta de lo espectacular, rápido y técnico que es este descenso. Se me hace la boca agua pensando en una etapa del Tour con final en Saint Lary tras esta bajada. Realmente para locos que quieran jugarse la vida  (los Nibali, Contador, Samu, etc…). No creo que tarden en incluirla en el recorrido de las próximas ediciones.

Y de nuevo en el coche. Una experiencia agotadora pero inolvidable. Vive Le Tour!.




 

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